
Organizado por el Grupo Atoq. Investigación y Creación Audiovisual y el Centro de Estudios Filosóficos de la PUCP.
El presente Cine foro intenta reflexionar acerca del concepto del Otro desde cuatro aristas distintas. La primera, desde el plano de lo ontológico, es decir, intentar definir qué implica un Otro; para ello utilizaremos el film de Ridley Scott, “Blade Runner”, con el fin de dirigir la reflexión en relación a los elementos que caracterizan a una persona, al cual podamos brindarle el estatus de Otro al cual le debemos un trato igualitario. Este punto de inicio nos permitirá ir articulando la problemática e ir definiendo la condición del Otro.
La segunda línea será pensar el otro desde el tema de la niñez y el inicio del desarrollo de la conciencia del Otro. Para ello utilizaremos el film de Abbas Kariostami “¿Dónde está la casa de mi amigo?”; que nos muestra que la capacidad de generar empatía no se reduce a un tema de formación de valores exclusivamente, sino a una condición más profunda en el ser humano que lo guía a sentirse vinculado y comprometido a un Otro.
El tercer ítem a tratar será el requerimiento de reconocer la dignidad de nuevos actores en la sociedad, nos referimos a los animales y a nuestra relación con ellos, para ello utilizaremos el documental de Louie Psihoyos “The Cove”, el cual nos acerca a los retos que implica el reconocimiento de justicia que requieren aquellos de quienes nos hemos servido por mucho tiempo y a quienes hemos asumido como seres de compañía, alimento y entretenimiento.
La última sesión trataría el tema de la esquizofrenia, como el otro radical y extremo, enfermedad que representa no solo el miedo a la enajenación del otro, sino principalmente el terror a la propia locura, para ello veremos el documental de Ione Hernandez “1 por Ciento, Esquizofrenia”.
Para terminar queríamos cerrar pensando en torno a un autor que tuvo en el tema del otro su principal preocupación, nos referimos a Emmanuel Lévinas, quien ve como una existencia incompleta a quien no logra ver en el Otro un compromiso. Por ello la empatía hacía los Otros no se da por un capricho, o un gusto estético que elige a quien escoger o no, como merecedor y digno de mi comprensión. Para Lévinas no podemos ver al Otro como una alteridad, como un objeto, sino como uno mismo. Y esto es porque mi comprender está ligado a mi existencia y además mi comprender está dirigido hacía el mundo[1]. El comprender al Otro, el cuidado que le doy es un “deber” para conmigo mismo (una condición de vulnerabilidad compartida lo llama Lévinas[2]). Por ello, no tener conciencia afectiva del Otro, es no tener finalmente conciencia de nosotros mismos.
Grupo Atoq.
Pablo Quintanilla (filósofo)
¿DÓNDE ESTÁ LA CASA DE MI AMIGO? (Miércoles 13 de octubre)
Felipe Zegarra Russo (teólogo)
THE COVE (Jueves 14 de octubre)
Gabriel Aller (comunicador)
1 POR CIENTO, EZQUIZOFRENIA (Viernes 15 de octubre)
Javier Rubio (psicólogo)
[1] Decimos esto teniendo en mente a Heidegger. Recordemos lo que nos dice en “Carta sobre el Humanismo”: “El hombre emerge en la apertura del ser, la cual es el ser mismo, que como arrojo se ha proyectado la esencia del hombre en el “cuidado”. Arrojado esta de tal manera el hombre “en” la apertura del ser. Mundo es la iluminación del ser en la que el hombre emerge desde su esencia arrojada. El “ser –en-el-mundo” nombra la esencia de la ec-sistencia con respecto a la dimensión iluminada desde la que se deja ser el “ec” de la ec-sistencia. Pensando desde la ec-sistencia el “mundo” es justamente el más allá dentro de la ecsistencia y para la ec-sistencia. El hombre no es nunca en primer término hombre más acá del mundo como “sujeto”, sea éste mentado como “yo” o bien como “nosotros”. El no es tampoco, primera y solamente, sujeto que se refiere por cierto siempre a objetos de modo que su esencia estaría en referencia-sujeto-objeto. El hombre es, más bien, ante todo ec-sistente en su esencia, en la apertura del ser, cuya apertura ilumina, sólo entonces, el “entre” dentro del cual puede “ser” la “referencia” del sujeto al objeto.”. Heidegger, Martin. “Carta sobre el Humanismo”. TAURUS Ediciones, Madrid. 1970. p. 49.
[2] “En la vulnerabilidad se aloja una relación con el otro que la causalidad agota; relación anterior a toda afección por el excitante. La identidad del sí no opone límites al experimentar, ni aun la resistencia última que la materia en “potencia” opone a la forma que la enviste. La vulnerabilidad es la obsesión por el otro o la aproximación del otro. Es para el otro, desde detrás del otro del excitante. Aproximación que no se reduce ni a la representación del otro, ni a la conciencia de la proximidad. Sufrir por el otro, es tenerlo al cuidado, soportarlo, estar en su lugar, consumirse por él. Todo amor o todo odio del prójimo como actitud, refleja, supone esta vulnerabilidad previa: misericordia “conmoción de las entrañas”. Desde la sensibilidad, el sujeto es para el otro: sustitución, responsabilidad, expiación. Pero responsabilidad que no he asumido en ningún momento, en ningún presente. Nada es más pasivo que este enjuiciamiento anterior a mi libertad, que este enjuiciamiento pre-original, que esta franqueza. Pasividad de lo vulnerable, condición(o incondición) por el cual el ser se muestra creatura”. Ver. Lévinas, Emmanuel. El ensayo “Sin identidad” del libro “Humanismo del otro hombre”. Ed. Siglo XX, México. 1974. p. 125.

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